¿Qué es el arrepentimiento genuino?

Publicado el 10 marzo 2015 en Articulos
  

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor Wayne Grudem.- Podemos definir el arrepentimiento de la siguiente manera: el arrepentimiento es una tristeza sentida de corazón por causa del pecado, una renuncia al pecado, y un propósito sincero de olvidarlo y caminar en obediencia a Cristo.

Esta definición indica que el arrepentimiento es algo que sucede en un momento específico en el tiempo, y no es equivalente a una demostración de cambio en el estilo de vida de la persona. El arrepentimiento, lo mismo que la fe, es un entendimiento intelectual (que el pecado es malo), una aprobación emocional de las enseñanzas de las Escrituras en cuanto al pecado (una tristeza por el pecado y un aborrecimiento del pecado), y una decisión personal de alejarse de él (una renuncia al pecado y la decisión de que se olvidará de ello y que en su lugar llevará una vida de obediencia a Cristo).

No podemos decir que uno tiene que vivir ese cambio de vida por un tiempo antes de que el arrepentimiento pueda ser genuino, porque de lo contrario el arrepentimiento se convertiría en una clase de obediencia que podríamos cultivar para merecer la salvación por nosotros mismos. Por supuesto, el arrepentimiento genuino resultará en una vida cambiada. Una persona de verdad arrepentida empezará de una vez a vivir una vida cambiada, y nosotros podemos llamar a ese cambio de vida el fruto del arrepentimiento. Pero no debiéramos nunca tratar de requerir que haya un período de tiempo en el cual una persona vive una vida cambiada antes de que podamos asegurarle el perdón. El arrepentimiento es algo que ocurre en el corazón e involucra a toda la persona en una decisión de alejarse del pecado.

Es importante darse cuenta que la simple tristeza por nuestras acciones, o aun el remordimiento profundo por nuestras acciones, no constituye un arrepentimiento genuino a menos que vaya acompañado por una decisión sincera de olvidarse del pecado que se ha estado cometiendo contra Dios. Pablo nos dice: «A judíos y a griegos les he instado a convertirse a Dios y a creer en nuestro Señor Jesús» (Hch 20:21). Dice que se regocijaba por la experiencia de los corintios «no porque se hayan entristecido sino porque su tristeza los llevó al arrepentimiento […] La tristeza que proviene de Dios produce el arrepentimiento que lleva a la salvación, de la cual no hay que arrepentirse, mientras que la tristeza del mundo produce la muerte» (2 Co 7:9-10). Una tristeza mundana puede involucrar gran dolor por las acciones cometidas y probablemente también temor por el castigo, pero no una renuncia genuina al pecado ni un propósito firme de olvidarse de él en la vida. Hebreos 12:17 dice que Esaú lloró a consecuencia de sus acciones, pero no se arrepintió de verdad de lo he- cho. Además, como indica 2 Corintios 7:9-10, aun la tristeza verdadera es solo un factor que lleva al arrepentimiento genuino, pero esa tristeza no es en sí misma una decisión sincera del corazón en la presencia de Dios que habla de un arrepentimiento genuino.

Las Escrituras ponen el arrepentimiento y la fe juntos como aspectos diferentes del acto de acudir a Cristo en busca de salvación. No es que una persona primero se vuelve del pecado y a continuación confía en Cristo, ni que primero confía en Cristo y luego se aleja del pecado, sino que ambas cosas suceden al mismo tiempo. Cuando acudimos a Cristo en busca de salvación de nuestros pecados, simultáneamente nos estamos alejando de esos pecados de los cuales le estamos pidiendo a Cristo que nos salve. Si no es así, el acudir a Cristo en busca de salvación de nuestros pecados es improbable que seamos sinceros al acudir a él o confiar en él.

El hecho de que el arrepentimiento y la fe son dos lados diferentes de la misma moneda, o dos aspectos diferentes del mismo suceso de la conversión, lo podemos ver con claridad en el cuadro 6.1, en la página siguiente.

En este diagrama, la persona que genuinamente acude a Cristo en busca de salvación debe al mismo tiempo soltarse del pecado al cual ha estado aferrándose y alejarse de ese pecado a fin de acercarse a Cristo. De modo que ni el arrepentimiento ni la fe vienen primero; tienen que aparecer juntos. John Murray habla de la «fe penitente» y del «arrepentimiento creyente».4

Por tanto, es claramente contrario a la evidencia del Nuevo Testamento hablar acerca de la posibilidad de tener verdadera fe salvadora sin haber tenido ningún arrepentimiento del pecado. Es también contrario al Nuevo Testamento hablar de la posibilidad de que alguien acepte a Cristo «como Salvador», pero no «como Señor», si eso simplemente significa depender de él para salvación pero no proponerse alejarse del pecado y ser obediente a Cristo a partir de ese momento.

Fuente: Líder Visión


Categoria: Articulos
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