¿Sirve predicar en contra de las caricias debajo de la ropa?

Publicado el 22 julio 2013 en Articulos
  

hqdefaultPor Ing. Howard Andruejol.- Las tentaciones sexuales quizás sean uno de los aspectos que más nos inquieta, especialmente en la etapa de noviazgo. Repetidas veces he tenido la oportunidad de conversar tanto con jóvenes como con señoritas, ya sea personalmente o por medios electrónicos, acerca de sus luchas para vencer el pecado sexual. No los juzgo, más bien me identifico con lo angustioso que se siente desear hacer algo pero al mismo tiempo tener que detenerse.

Desde mi juventud, aprendí que las relaciones sexuales están reservadas para el matrimonio. Tal vez uno de los pasajes lema al respecto sea I Tesalonicenses 4:4. Sigo convencido de que Dios diseñó el sexo, lo vio como bueno, y lo dio como un regalo para el esposo y su esposa.

¡Woo hoo! Ya estoy casado, y creo que la idea de Dios fue genial.

Sin embargo, la etapa de la soltería resulta un tanto más complicada. La espera se puede hacer larga y dolorosa. Además, conforme el tiempo, juntos y la intimidad en el noviazgo crecen, la intensidad del romance y la tensión de la atracción física hacen que las tentaciones aumentan.

Por ello, creo que una de las preguntas frecuentes es “¿cuán lejos es demasiado lejos?”. Es decir, si una pareja de novios no puede tener relaciones sexuales, ¿entonces qué caricias sí están permitidas? ¿Qué cosas son pecado y cuáles no? ¿Hasta dónde pueden llegar sin meterse en problemas?

Aparentemente no tenemos indicación bíblica que responda estas interrogantes. No encontramos versos bíblicos que definan si está bien besar con la lengua en el noviazgo, o las partes del cuerpo que sí se pueden ver o acariciar.

Lo que muchas veces escuché, y al mismo tiempo enseñé, es que existe una ley que hace que siempre queramos más: la ley de progresión. Inicialmente en un noviazgo quizás el tomarse de la mano sea muy excitante, pero con el tiempo queremos más. Así que comienzan los besos; pero conforme avanza el tiempo, necesitamos besos más apasionados. Y también están las caricias, que inicialmente eran en los brazos, luego en la espalda, las piernas, y la historia continúa.

Fue debido a esta ley que siempre pensé y dije que las caricias debajo de la ropa no estaban bien. El razonamiento era que si llegábamos a este punto, quizás habíamos llegado demasiado lejos; tal vez estábamos en un punto sin retorno listos para caer en el pecado sexual. Ahora me arrepiento de este mensaje.

Sigo convencido de los efectos de la ley de progresión, pero ya no predico en contra de las caricias debajo de la ropa.

De hecho, tampoco predico en contra del sexo oral, ni del sexo anal, ni del ver pornografía con la pareja, ni del sexting, ni la masturbación mutua, ni de las caricias o roces de los genitales. He llegado al convencimiento de que aquí no está el problema.

Muchos me preguntan hoy si creo que aun son vírgenes porque han incurrido en algunas (o varias) de las conductas que he descrito en el párrafo anterior. Técnicamente, no han tenido relaciones sexuales, es decir, no ha habido penetración del pene en la vagina. Entonces, se cuestionan si están bien o no, si es permitido o no. Es una excelente pregunta… debido a un mal mensaje que hemos predicado.

Como solamente hemos (padres y líderes juveniles) limitado nuestro mensaje a evitar la penetración y a prevenirles de la ley de progresión, han surgido nuevas situaciones “no definidas” en la lista de pecados sexuales. Incluso, ha surgido un nuevo razonamiento que arguye que es mejor masturbarse mutuamente que tener penetración, por ejemplo.

He llegado a la conclusión de que nos equivocamos predicando en contra de los síntomas y no ayudando a sanar la fuente del pecado.

Cuando simplemente atacamos las conductas, caemos en un legalismo. Dictamos la lista de cosas que no hay que hacer, pero creativamente surgen nuevos juegos sexuales no contemplados en el reglamento. Les dijimos que no se acariciaran debajo de la ropa, así que ellos decidieron enviarse fotos sin ropa por el celular. ¿Qué hacemos ahora? ¿Agregamos el sexting a la lista de las cosas prohibidas y esperamos a ver qué más se nos ocurre? (Nos agrego a los adultos en esta pregunta porque nos pasa lo mismo… nos dijimos que la infidelidad era pecado, pero ahora nos preguntamos si está bien cuando la pareja y la otra persona están de acuerdo.)

Así que el legalismo no funciona. Es más, no es bíblico.

Hemos entendido mal qué es el pecado sexual. Creímos que era la penetración del pene en la vagina. Pensamos que el pecado estaba en el órgano sexual, en el cuerpo; pero no. Está en el corazón.

Basta una lectura de Mateo 15:1-20 para comprender el asunto. Los pecados sexuales no son obligatoriamente visibles. Según el verso 19 del pasaje en cuestión, surgen del corazón, de lo secreto, de lo invisible. Allí está el problema, allí está el pecado.

En este mismo pasaje Jesús acusa a los fariseos de guardar externamente los mandamientos más no consagrar su corazón a Dios (v.8). Y de igual manera, Jesús nos señala cuando evitamos los pecados sexuales físicos, pero los degustamos en nuestro corazón (Mateo 5:27,28).

De allí que ya no predico en contra de las caricias debajo de la ropa, porque no son el problema. Por supuesto, tampoco predico a favor de ellas.

Más bien predico en contra de la inmoralidad desde el corazón. Predico a favor de la santidad desde el corazón.

Salomón lo dijo muy bien, “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23). Lastimosamente, él mismo no lo obedeció muy bien (I Reyes 11:1-10).

Ojalá tu vida y la mía no se caractericen por el pecado. Ojalá tú y yo no seamos de las personas creativas que siempre encontramos una forma de evadir las reglas morales para disfrutar de la desobediencia. Ojalá no limitemos nuestra santidad a evitar los pecados visibles.

Nuestro desafío es a llevar una vida totalmente consagrada, santificada, sacrificada, dedicada a Dios. Cada detalle, interno o externo, visible o invisible, del corazón o del cuerpo, entregado por completo (I Pedro 1:15).

No comencemos por querer cambiar nuestras malas conductas, sino por querer rendir nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra voluntad al Espíritu de Dios. Gálatas 5:16 nos recuerda: “Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa.” (NVI).

¿Luchas hoy con pecados sexuales? Gálatas 5:19 dice que son resultado de una vida carnal. ¿Te falta dominio propio para resistir? Gálatas 5:23 dice que puedes tenerlo, ¡si tan solo te sometes al Espíritu!

Comienza a hacer los cambios desde el corazón, ¡y verás como las tentaciones serán vencidas una a una!

Fuente: Especialidades Juveniles


Categoria: Articulos
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