Las Diez Primeras Persecuciones: Nerón, el sexto emperador (#1)

Publicado el 10 enero 2013 en Articulos
  

La primera persecución de la Iglesia tuvo lugar en el año 67, bajo Nerón, el sexto emperador de Roma. Este monarca reinó por el espacio de cinco años de una manera tolerable, pero luego dio rienda  suelta  al  mayor  desenfreno  y  a  las  más  atroces  barbaridades.

 

Entre  otros  caprichos diabólicos,  ordenó  que  la  ciudad  de  Roma  fuera  incendiada,  orden  que  fue  cumplida  por  sus oficiales,  guardas  y  siervos.  Mientras  la  ciudad  imperial  estaba  en  llamas,  subió  a  la  torre  de Mecenas, tocando la lira y cantando el cántico del incendio de Troya, declarando abiertamente que «deseaba la ruina de todas las cosas antes de su muerte». Además del gran edificio del Circo, muchos otros palacios y casas quedaron destruidos; varios miles de personas perecieron en las llamas, o se ahogaron en el humo, o quedaron sepultados bajo las ruinas.

 

Este terrible incendio duró nueve años. Cuando Nerón descubrió que, su conducta era intensamente censurada, y que era objeto de un profundo odio, decidió inculpar a los cristianos, a la  vez  para  excusarse  para  aprovechar  la  oportunidad  para  llenar  su  mirada  con  nuevas crueldades. Esta fue la causa de la primera persecución; y las brutalidades cometidas contra los cristianos fueron tales que incluso movieron a los mismos romanos a compasión.

 

Nerón incluso refinó sus crueldades e inventó todo tipo de castigos contra los cristianos que pudiera inventar la más  infernal  imaginación.  En  particular,  hizo  que  algunos  fueran  cosidos  en  pieles  de  animales silvestres, antojándolos a los perros hasta que expiraran; a otros los vistió de camisas atiesadas con cera, atándolos a postes, y los encendió en sus jardines, para iluminarlos. Esta persecución fue general por todo el Imperio Romano; pero más bien aumentó que disminuyó el espíritu del cristianismo. Fue durante esta persecución que fueron martirizados San Pablo y San Pedro.

 

A sus nombres se pueden añadir Erasto, tesorero de Corinto; Aristarco, el macedonio, y Trófimo,  de  Éfeso,  convertido  por  San  Pablo  y  su  colaborador,  así  como  Josés,  comúnmente llamado Barsabás, y Ananías, obispo de Damasco; cada uno de los Setenta.


Categoria: Articulos
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