La fe, puesta en una placa de bronce

Publicado el 22 noviembre 2012 en Articulos
  

Los minusválidos somos gente con mucho aguante. Si no lo fuéramos, no andaríamos por el mundo. Sí, somos gente de aguante. En muchos sentidos, contamos con la bendición de un espíritu y un tesón que no a todos les es dado.

Debo decir que esta negativa a aceptar total o plenamente nuestra propia incapacidad se conecta con una sola cosa… con la fe, con una fe casi divina.

En la sala de recepción del Instituto de Medicina y Rehabilitación Física, sobre el East River, en el 400 Este de la calle Treinta y Cuatro, en la Ciudad de Nueva York, hay una placa de bronce que está fijada a la pared.

Durante los meses que pasé acudiendo al Instituto para el tratamiento, dos o tres veces por semana, atravesé muchas veces la recepción con mi silla de ruedas, al entrar y al salir.

Pero nunca me paré para acercarme a leer las palabras escritas sobre esa placa que, según se dice, fueron escritas por un desconocido soldado de la Confederación. Hasta que, finalmente, una tarde lo hice.

Las leí y las volví a leer. Cuando terminé la lectura por segunda vez, me sentía a punto de estallar… no de desesperación, sino por un resplandor interior que me obligaba a aferrarme a los brazos de mi silla de ruedas. Me gustaría compartir esta experiencia con vosotros.

Un credo para los que habéis sufrido

Le pedí fuerzas a Dios, para poder concretar mis logros. Y Él me debilitó, para que aprendiera humildemente a obedecer…
Le pedí salud para poder hacer grandes cosas. Y me dio enfermedad y dolor para que pudiera hacerlas mejores…
Le pedí riquezas para llegar a ser feliz. Y me otorgó la pobreza para que aprendiera a ser sabio…
Le pedí el poder, para así obtener el elogio de los hombres.
Me concedió la debilidad, para que llegara a necesitarlo…
Le pedí todas las cosas, para poder disfrutar de la vida. Me dio la vida, para que pudiera disfrutar de todas las cosas…
No conseguí nada de lo que pedía… pero obtuve todo lo que había esperado.
Casi a pesar de mí mismo, mis inexpresivas plegarias fueron escuchadas.
¡Soy, entre los hombres, el más ricamente bendecido!

Roy Campanella


Categoria: Articulos
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